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©Alexis Falkas.

  • Alexis Falkas

Suspiros pasajeros I Berlin Mitte: Nikolaiviertel


Fotografía: Raquel Munsuri

Delirios armónicos: Tannhäuser Overture, Richard Wagner.


Berlín es una ciudad prismática en constante desarrollo, donde el mundo que nos rodea cambia con cada paso que damos. Una urbe joven y dinámica que gira a toda velocidad en constante desarrollo y en la que es fácil perder la noción del tiempo y del espacio. El Mitte es quizá uno de los mejores ejemplos del paradigma Alemán. Un choque de cultura e ideales determinado por dos extremos radicalmente opuestos condenados a convivir en armonía.


Las calles del Mitte están llenas de tiendas y restaurantes de todo tipo. Gimnasios, oficinas, galerías de arte y miles de turistas que inundan unas avenidas siempre atestadas. Los anarquistas se reúnen junto a la fuente de Neptuno. Los niños saltan sobre camas elásticas a la sombra de la antena de televisión, a pocos metros de la exposición de cuerpos humanos del doctor Gunther von Hagens. Helados de frutas y peluches de ositos tuertos.

El arte y el pragmatismo Alemán, la vida y la muerte.


En esa vorágine de maravillosas contradicciones que resta el aliento y la suela de los zapatos, Nikolaiviertel es sin duda el ojo del huracán. El tiempo parece detenerse en este minúsculo enclave. Escondido a la sombra del antiguo ayuntamiento soviético, el Rotes Rathaus y muy cerca del Ephraimpalais, es muy fácil perderse este suspiro pasajero si no estamos atentos. (Por si acaso aquí el enlace)


Nikolaiviertel es una de los barrios más longevos de Berlín. Por sus soportales pasaron artistas como Strindberg, Ibsen, Casanova, Hauptmann, Kleist, o Lessing y dejaron el aroma de su recuerdo. Recorriendo el adoquinado de piedr podemos sentirnos transportados al siglo XIII. Respirar durante unos minutos y asimilar el presente bajo la imponente presencia de Nikolaikirche, la iglesia más antigua de la ciudad. Su construcción finalizó aproximadamente en el año 1200 y dio testigo mudo de la historia hasta que las bombas la derribaron en 1944.


Reconstruido tras la segunda guerra mundial, el barrio mantiene casi intactos los detalles y la arquitectura medieval. Alberga algunos museos como el Hanf museum y el Knoblauchhaus, una casa-museo del siglo XVIII con muebles y utilería de la época. Tiendas de artesanía, una librería de ejemplares descatalogados, anticuarios y una sombrerería.


Y el mayor tesoro de todos, quizás único en toda la ciudad y que cualquier visitante sabrá apreciar.

¡Una fuente de agua potable!


Fotografía: Raquel Munsuri

Como en cualquier otro barrio de Berlín las cerveceras tienen su lugar destacado en Nikolaiviertel. Jalonan cada acceso tendiendo sus terrazas iluminadas con cientos de diminutas bombillas. Perfecto para dejarse llevar por la poesía del instante, del aquí y el ahora, olvidar el donde o el cómo y lo que es más importante: Sin llegar a saber porqué la vida en cada pausa es incapaz de detenerse mientras pasa de largo, estancada en el templo sobre el adoquinado de piedra.


Puede que su cerveza que sirven en las terrazas sea la misma, pero sentados a la vera del tiempo bajo un enjambre de bombillas la vida sabe distinta.


Alejados del tráfico y las aglomeraciones, a la sombra de los pórticos o sentado bajo estrellas artificiales, es fácil soñar con el romanticismo Alemán y perderse entre los versos del poeta que clama desde otros tiempos.

Fotografía: Raquel Munsuri

¡La encontré!

Johann Wolfgang von Goethe.


Era en un bosque:

Andaba absorto pensando

sin saber ni aquello

que tanto qué buscaba.

Vi una flor a la sombra,

luciente y bella,

cual dos ojos azules,

como la blanca estrella.


Fui a arrancarla,

y con dulzura me apela:

«¿Para verme marchita

rompes mi tallo?»

Cavé en torno y la tome

Sin arrancarle la cepa,

y en mi casa la puse

de la misma monera.


Allí volví a plantarla

quieta y a solas,

y florece y no teme

verse marchita.


Ni perecer a mi antojo.


Ich ging im Walde

So für mich hin,

Und nichts zu suchen,

Das war mein Sinn.


Im Schatten sah ich

Ein Blümchen stehn,

Wie Sterne leuchtend,

Wie Äuglein schön.

Ich wollt es brechen,

Da sagt es fein:

Soll ich zum Welken

Gebrochen sein?

Ich grub's mit allen

Den Würzlein aus.


Zum Garten trug ich's

Am hübschen Haus.

Und pflanzt es wieder

Am stillen Ort;

Nun zweigt es immer

Und blüht so fort.


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