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©Alexis Falkas.

  • Alexis Falkas

Suspiros pasajeros III Neuschwanstein: El castillo del Rey loco

Actualizado: 26 de nov de 2019


Delirios armónicos: LOHENGRIN de Richard Wagner (Haz click para escuchar)


El castillo de Neuschwanstein, el célebre palacio de ensueño en el que Walt Disney se inspiró para la película La bella durmiente y que más tarde explotó como imagen corporativa, la leyenda convertida en mera anécdota.


Así es como la historia se eclipsa, con réplicas de castillos en parques de atracciones y mentiras embellecidas hasta que resultan rentables.


Tras la bella fachada de Neuschwanstein, la magnífica joya bávara erigida sobre el lago de los cisnes, la historia ruge y se contorsiona con indignación. En los lujosos salones y en los corredores sombríos aún resuenan los pasos de Ludwig Otto Frederik Wilhelm, el "Rey loco". Príncipe cisne y último emperador de Baviera.


Los senderos se ondulan entre las escarpadas montañas bávaras. El aire desciende gélido y mece los bosques de la selva negra, cuya espesura parece devorar el paisaje en una densa hojarasca que parece no tener fin.


A 140 kilómetros de Munich, la ciudad más cercana, los pueblos se suceden entre los claros de la selva negra.


Las casas más antiguas aún conservan los tabiques de madera, techos tallados y las  elaboradas pinturas en las que se mostraba la profesión tradicional del cabeza de familia.


Con los años esa particular manera de pintar las casas ha desarrollado todo un estilo propio, las famosas lüftlmalerei.


Con el viento alpino y la fragancia de pinos y cedros descienden los hombres pájaro. Intrépidos aventureros que sin miedo a la muerte se lanzan en ala delta y sobrevuelan los cielos formando bandadas de diminutos triángulos verdes contra el cielo plomizo.


Es un magnífico lugar para disfrutar del deporte de aventura.


Antes de vislumbrar Neuschwanstein surgir como una espina de plata, entre los riscos podemos contemplar el castillo de Hohenschwangau. Fue la residencia familiar y el castillo en el que Luis II pasó su niñez. Estaba tan enamorado de aquel lugar que años después decidió emplazar su propio castillo frente al antiguo, utilizando para su construcción piedra y mampostería extraída directamente de Hohenschwangau.


La carretera se funde en la orilla del lago Alpsee. Un espejo cristalino, en el que abundan majestuosos cisnes de cuello alto nadando en torno a montañas ilusorias. Un enclave mágico y conmovedor, el mismo que tantas veces contempló Ludwig, primero desde la ventanas de su palacio y más tarde en las de su prisión.


Si uno se esfuerza mucho, o está lo suficientemente loco, puede encontrarse en los bosques colindantes a Parsifal, el caballero de grial cuya búsqueda de su propia identidad marcó profundamente el peculiar carácter del monarca.


Un camino asciende hasta perderse en el bosque. Aunque se puede subir andando (no es mucho pero sí bastante empinado), conviene ir con tiempo y esperar un autobús que pasa regularmente aunque siempre acaba repleto. También se puede subir en una carreta tirada por caballos, es una opción cara pero te da el gustazo de ir mirando a los que ascienden andando con cara de malicia.


El rumor del río Pöllat nos acompaña, mientras ascendemos el castillo de Hohenschwangau va quedando a nuestra espalda. El corazón se acelera, el misterio se desvela ante nosotros y entre el follaje y las ramas surgen las torres de Marfil de la bella Neuschwanstein.


La construcción del castillo se inició en 1869 a cargo de un escenógrafo teatral de la corte que ideó un espacio mucho más estético que funcional. Ludwig exigió que fuera edificado únicamente por trabajadores bávaros y con materiales locales.


Está inspirado, quizás de forma vaga e imprecisa, en el castillo medieval de Wartburg, en Turingia.


Con 5 pisos y 360 habitaciones contaba con las más avanzadas prestaciones de la época. Catorce escultores tardaron cuatro años y medio en completar el dormitorio del rey.


Disponía de calefacción, un montacargas unía la cocina y el comedor, disponía de red eléctrica, agua corriente modulable, desagües automáticos e incluso contaba con el primer teléfono móvil de la historia. ¡Con casi 6 metros de cobertura!.


El patio principal se basa en el decorado del segundo acto de la ópera Lohengrin. El Salón de los Cantores es una copia del salón de Wartburg, donde Wagner situó una escena de su ópera.


El Salón del Trono, con un suelo de mosaico de dos millones de baldosas y dos pisos de altura, está inspirado en la Sala del Grial de Parsifal.


Merece la pena destacar la gruta de Venus, una gruta subterránea con un pequeño lago, cascada y una luna artificial iluminada con luces de colores pensada para la representación  de Tannhäusser.


Todo el castillo está diseñado para ser utilizado como un gran teatro polivalente en el que Luis podía vivir aislado, en su hermética cosmología de una existencia alejada de la realidad de su pueblo.


Pese a su inmerecida infamia Luis II no estaba loco. Fue una persona inusitadamente sensible a la que nunca le interesó su posición de poder. De carácter soñador, sensible y homosexual reprimido por la sociedad, Ludwig arrastró su secreto durante toda su vida y no tuvo herederos.


En su educación tuvieron una especial importancia las cuestiones artísticas. Tanto su padre como su abuelo, eran profundos amantes del arte y la belleza, grandes mecenas de su tiempo y aprendices de poeta. Su abuelo, Luis I fue obligado a abdicar debido a su escandalosa relación con Lola Montes, una estafadora Irlandesa que se hizo pasar por flamenca para conquistar el corazón de un Rey.


Ludwig subió al trono en 1864 a la edad de 18 años, sin experiencia en la vida o en la política.


En 1873 dijo de si mismo: "He sido rey excesivamente pronto. No he aprendido lo suficiente. Había comenzado tan bien, ... estudiando derecho público. De repente fui arrancado y sentado en el trono. Ahora, todavía intento estudiar ..."


Fue una persona realmente adelantada a su tiempo, con ideas tan rompedoras como un sistema de raíles que debía de conectar los alpes mediante globos aerostáticos.


Gran admirador de Wagner y uno de sus principales mecenas. A pesar de las diferencias que surgieron entre ambos mantuvieron una estrecha relación y se cartearon hasta el final de sus días.


Ante la presión de la corte Luis II se prometió con la princesa Sofía de Baviera. Su prima y hermana de la emperatriz. Harta de la actitud distante y poco interesada del monarca, que parecía mucho más interesado en Wagner que en ella, la princesa finalmente rompió el compromiso dejando a Luis II sumido en una profunda depresión.


Mientras su pueblo sufría Ludwig dilapidó su fortuna en decenas de castillos de los cuales sólo un par fueron concluidos. La desconexión con el mundo llegó a ser total y con el tiempo el mismo se aisló en su castillo de hadas, su ilusión Wagneriana perfecta.


Desde 1885 los bancos extranjeros amenazaban con el embargo de la menguada fortuna real. El rechazo del Rey a reaccionar racionalmente ante esto fue, en 1886, el desencadenante para la declaración de su incapacidad para gobernar y su derrocamiento por el gobierno.


Le diagnosticaron esquizofrenia paranoide y le internaron en el castillo de Berg.


Sólo un día después se le encontró muerto bajo extrañas circunstancias en el lago Starnberg. Ahogado junto a su médico particular, psiquiatra, amigo y según algunas versiones también amante.


Poema: Tannhäuser de Heinrich Heine
I Las redes evitad, buenos cristianos, que Satanás os tienda; os contaré la historia de Tannhauser, para que estéis alerta.
Sintió Tannhauser, noble caballero, de amor y de placer ansias frenéticas; fue a la montaña de la hermosa Venus; siete años vivió en ella.
-Señora Venus, mi gentil Señora, pásalo bien, idolatrada reina, voy a marchar de aquí; dejarte quiero, y te pido licencia.
-Tannhauser, noble caballero mío, aún tus besos mis labios hoy esperan. Bésame cariñoso, y explícame las faltas que en mí encuentras.
¿No te escanció jovial todos los días el mejor vino, como dulce néctar? Todos los días, a tu noble frente, ¿no ciño rosas frescas?
-Señora Venus, mi gentil Señora, tósigo son, que suave me envenena, tus dulces besos y tu dulce vino. Hoy amarguras ansia mi alma enferma.
Jugamos y reímos demasiado; lágrimas sólo mi dolor anhela, en vez de frescas rosas, ceñir quiero de espinas mi cabeza.
-Tannhauser, noble caballero mío, ¿por qué así te querellas? No dejarme jamás, mil y mil veces, me ha jurado tu lengua.
A mi cámara ven, y gozaremos las emociones del amor secretas; allí tu sangre encenderá mi cuerpo blanco cual azucena.
-Señora Venus, mi gentil Señora, florecerá por siempre tu belleza; ardieron por ti muchos, y arderán otros muchos en tu hoguera.
Al pensar en los dioses y en los héroes a quienes fue tu amor fácil ofrenda, casi me causa repulsión tu cuerpo, blanco cual azucena.
Tu cuerpo, sí, cual azucena blanco, me espanta aún más, si en multitud inmensa imagino tus nuevos gozadores de la edad venidera.
-Tannhauser, noble caballero mío, no hables de esa manera; prefiero que iracundo me golpees, como tú me golpeas.
Prefiero que iracundo me golpees a que me insultes, y mejor quisiera que para mí, cristiano adusto y frío, tu corazón cerrase la soberbia.
Porque mucho te amé, recibo y oigo semejantes ofensas. Pásalo bien; ya tienes mi permiso. Ve; yo te abro la puerta.
II ¡A Roma! ¡A Roma! En la ciudad bendita suenan campanas, cánticos y rezos. La procesión avanza, y el augusto Pontífice va en medio.
Es el justo y piadoso Papa Urbano. Tres coronas le sirven de ornamento; de púrpura es su manto; llevan su cola nobles caballeros.
-Escucha, Padre Santo, Papa Urbano, tranquilo no te dejo, hasta que oyendo en confesión mis culpas, me salves del infierno.
Cesan los cantos místicos; se aparta formando corro el pueblo. ¿Quién es el peregrino? Ante el Pontífice él se arrodilla, trémulo.
-Escucha, Padre Santo, Papa Urbano, puedes atar y desatar. Benévolo sálvame de las llamas infernales, sálvame del Protervo.
Soy el noble Tannhauser; sentí un día de amor y de placer el voraz fuego; la montaña de Venus busqué ansioso, y siete años viví bajo su imperio.
¡Venus es una hermosa encantadora que hechiza el alma y encadena el cuerpo; es más dulce que aroma de las flores y luz del sol, su acento.
Como, sobre la flor, la mariposa, revolotea, y en su cáliz tierno liba la miel, volaba el alma mía sobre sus labios, cual las rosas frescos.
Ciñen su noble frente crenchas rizadas de cabellos negros; cuando nos miran sus rasgados ojos el hálito perdernos.
Cuando nos miran sus rasgados ojos, cautivos somos, en sus redes presos. Para escapar de la fatal montaña hice un supremo esfuerzo.
Pude escapar de la fatal montaña; pero me van buscando y persiguiendo los ojos de la hermosa, y por señas me dice: -'Ven de nuevo'.
De día soy cual mísero cadáver; cobro de noche vida y sentimiento; sueño en mi hermosa, y viene, y feliz ríe sentándose en mi lecho.
Ríe feliz, regocijada, loca, y me muestra, al reír, al descubierto sus blancos dientes y suspiro y lloro cuando en sus risas pienso.
Amola con amor irresistible, que reprimir no puedo; es tremenda cascada, que destroza los diques a ella opuestos.
De roca en roca salta con blanquísimos borbotones de espuma y bronco estruendo; se quiebran sus raudales, mas sigue audaz su curso turbulento.
El cielo a mi hechicera le daría, si fuera mío el cielo, el sol, la luna y las estrellas todas que hay en el firmamento.
Amola con amor irresistible, en cuya viva hoguera estoy ardiendo... ¿Son éstas ya las infernales llamas? ¿Los tizones eternos?
Escucha, Padre Santo, Papa Urbano; puedes atar y desatar; benévolo sálvame de las llamas infernales; líbrame del Protervo.
Alzó la mano majestuosa el Papa, y le habló en estos términos: -Tannhauser infeliz; es imposible romper tu encantamiento.
Es el peor de los demonios todos el que apellidas Venus; para arrancarte a sus hermosas garras, facultades no tengo.
Debe pagar por siempre el alma tuya los goces de la carne pasajeros. Estás ya condenado al perdurable. suplicio del infierno.
III Corrió Tannhauser el mundo llagados los pies tenía. Al monte de Venus vuelve; medianoche es cuando arriba Despierta la hermosa Venus; salta del lecho tranquila; le tiende los blancos brazos; le estrecha cariñosisima. De su nariz brota sangre, y lloro de sus pupilas; con la sangre y con el lloro el rostro al galán le pinta.
El, sin desplegar los labios, en el lecho se reclina; ella al fogón se dirige, y buena sopa le guisa, La sopa y el pan le ofrece; los pies le cura y le limpia; le peina bien el cabello; le alegra con sus sonrisas.
-Tannhauser, mi caballero, larga fue tu correría. Las tierras que has visitado quiero que tú me las digas. -Para el país de los celtas fue mi primera visita; asuntos en Roma tengo, y allá fui con ansias vivas.
Roma, junto al río Tíber, se encumbra en siete colinas; hablé con el Padre Santo, y me dio para ti albricias.
De regreso, vi a Florencia y a Milán, ciudad magnífica; y entré por los vericuetos de la selvática Suiza.
Trepé animoso, a los Alpes; desde allí, ¡qué hermosa vista! Volaba graznando el águila; un lago azul sonreía.
Cuando llegué al San Gotardo, la Germania hallé dormida, de sus treinta y seis monarcas bajo la guardia solícita.
Vi la escuela de los vates en Suavia: ¡menuda y mísera ralea! con chichoneras resguardan las cabecitas.
En Dresde vi el mejor perro que he visto en toda mi vida; perdió los dientes; no muerde; pero ladra todavía.
En Weimar, grato a las Musas, tristes lamentos se oían: '-¡Ha muerto Goethe!' clamaban; '¡Y Eckermann aún vive y triunfa!' »Oí en Berlín fuertes gritos, y pregunté: -'¿Por qué gritan?' -'Gans, desde el siglo pasado lección igual nos explica'. » Florecen todas las ciencias, mas no dan fruto, en Gotinga, al llegar en noche obscura, no vi una luz encendida.
Vi el correccional de Celle; sólo Hannover lo utiliza; un correccional nos falta que a toda Alemania sirva.
La honrada ciudad de Hamburgo es de bandidos guarida; y cuando llegué a la Bolsa aún en Celle me creía.
Estuve en Altona luego; tiene hermosa perspectiva. Lo que me pasó en Altona, te lo contaré otro día».

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